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La Eutanasia
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| El origen de la palabra «eutanasia» proviene de dos términos griegos, se traduce en castellano como «buena muerte». Por la pretendida disculpa de este atentado directo contra la vida humana, algunos le llaman «muerte piadosa» y ante la insuficiencia de expresar su esencia y por no estar la mayoría de los autores de acuerdo con varias definiciones emitidas, preferimos presentar una definición descriptiva: Entendemos por eutanasia «la muerte indolora infligida a una persona humana, consciente o no, que sufre abundantemente a causa de enfermedades graves e incurables o por su condición de disminuido, sean estas dolencias congénitas o adquiridas, llevada a cabo de | ![]() |
| manera deliberada por el personal sanitario, o al menos con su ayuda, mediante fármacos o con la suspensión de curas vitales ordinarias, porque se considera irracional que prosiga una vida que, en tales condiciones, se valora como ya no digna de ser vivida». Una distinción poco feliz, pero que a estas alturas ha sido admitida en la literatura relativa a este asunto, es la que existe entre eutanasia activa, cuando la muerte se provoca por medio de una acción, como pudiera ser la administración de dosis mortales de estupefacientes o de una substancia letal, y eutanasia pasiva, cuando la muerte es consecuencia de la omisión, o de la interrupción, de intervenciones cuyo objetivo es simplemente el de ofrecer a la vida su soporte indispensable (nutrición, hidratación, etcétera) y que por tal motivo pueden denominarse «curas de sustento vital». Si pretendemos un significado preciso de eutanasia ¿se puede hablar de ésta en la antigüedad o se trata más bien de un fenómeno relativamente reciente? I._ En la antigüedad pagana: Parece impropio apelar, como un precedente prehistórico de la eutanasia, al hecho de que algunos ancianos y enfermos eran abandonados en el camino por poblaciones nómadas en alguna de sus frecuentes correrías. O también, como a un precedente antiguo, a la suerte que se reservaba en Grecia y en Roma a los niños nacidos con graves malformaciones. Tampoco la referencia a Platón, con el fin de incluirlo entre los precursores teóricos de la eutanasia relativa a los niños nacidos con algún defecto y a los enfermos incurables parece sostenible, sino que más bien Platón podría ser un precedente de ciertas concepciones racistas y colectivas. Lo único que existe en común entre esas costumbres antiguas y la praxis que se intenta establecer hoy día, es la ausencia de reconocimiento de un principio fundamental: el del valor absoluto de cualquier vida humana, de la que, por consiguiente, nadie puede disponer. II._ En la era moderna: Es preciso llegar al siglo XVI para encontrar a alguien a quien muchos atribuyen haberse hecho defensor de la eutanasia, se trata de Santo Tomás Moro que en su obra «Utopía», contracción de un largo título de la obra original, publicada en 1516, describe, como practicada por los imaginarios habitantes de Utopía, la eutanasia voluntaria por parte de enfermos incurables y atormentados por continuos y atroces sufrimientos, rechazando todo alimento o mediante somníferos y dicho comportamiento es considerado como «acto de sabiduría», más aún, como «acto religioso y santo». Pero, nada está claro en absoluto, pues antes habría que resolver el antiguo e irresoluto problema del género literario de esa obra enigmática que es la Utopía. Otro inglés resulta señalado como defensor de la eutanasia, Francis Bacon, en sus obras «Novum Organum» y «Instauratio magna», pero el equívoco puede ser eliminado con facilidad, como lo hace Patri Verspieren, quien indica que el término eutanasia, introducido por el mismo Bacon, es precisamente el esfuerzo por ayudar al moribundo, con todos los medios de que se disponga, a «escapar de las angustias de los últimos momentos de la vida y que, una vez que sea llegada la hora, pueda morir con calma y tranquilidad», como serían las llamadas curas paliativas de nuestros días. Y repasando los siglos sucesivos, el término «eutanasia» conservará aproximadamente el mismo significado hasta finales del siglo XIX. Sólo en esas fechas adquiere un nuevo significado, el de procurar «una muerte dulce» pero dando fin deliberadamente a la vida del enfermo. Y este es hoy el significado predominante en la opinión pública de las sociedades occidentales. III._ En el siglo XX: Al inicio de esta centuria van surgiendo los primeros gérmenes de un complejo cambio cultural en el mundo occidental como consecuencia de la pérdida de la unidad religiosa, de la secularización de la vida, el liberalismo individualista, el positivismo filosófico, la gran subversión de la Revolución Francesa y la lenta pero real eclipsación religiosa, se produce una profunda mutación en concepciones fundamentales acerca del hombre, de la vida humana y de su situación en la escala de valores.En los comienzos del siglo XX, se produce otro fenómeno, el nacimiento de un fuerte movimiento tendente a promover la legalización de la eutanasia y con este objetivo se constituyeron las primeras asociaciones y aparecieron los primeros proyectos de ley. Resulta significativo el que semejante fenómeno se haya iniciado precisamente en aquellos países que por haber comenzado en primer lugar el camino cultural relacionado con la denominada revolución industrial, se encontraban ya en una fase avanzada de industrialización: Inglaterra, Estados Unidos y Alemania. Ninguno de estos proyectos, ni en Alemania ni en América ni en Inglaterra, obtuvo la aprobación de los respectivos parlamentos, como tampoco los presentados en los años inmediatamente antecedentes y subsiguientes a la Segunda Guerra Mundial. Signo evidente éste de que en la sociedad persistía, ampliamente sostenido por todos, un firme rechazo a la eutanasia. Todavía no se había llevado a cabo la indoctrinación cultural, en las grandes masas, de unas ideas capaces de sostener una actitud distinta. Pero, llegados a este punto, la situación evolucionó con un ritmo acelerado, gracias a la difusión de un creciente bienestar, en el contexto de una cultura claramente materialista y hedonista, caracterizada por un exasperado individualismo, difusión en la que intervinieron de forma activísima los nuevos medios de comunicación social, sobre todo la televisión, que influía sobre personas de cualquier condición a través de un lenguaje sugerente hecho en primer término de imágenes y más tarde de una bien pensada mezcla de imágenes, sonidos y ritmos. Curiosamente, la misma situación, la influencia de la televisión, la observamos ahora con otros muchos fenómenos como la anticoncepción, el aborto y la difusión de eufemismos que hacen posible que las masas reaccionen en contra de sus tradiciones y sanas costumbres. | |
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